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GENTE DE PUEBLO

Domingo, 20 de Mayo de 2012

El drama de los hombres golpeados

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Sergio Schneider- Domingo, 03 de Julio de 2011 - Publicado en la Edición Impresa del Diario NORTE.

Roy Nikisch tiene, en el ambiente político, fama de hombre afortunado. No sin malicia, sus pares dicen de él que llegó mucho más lejos que lo que sus cualidades hubiesen permitido imaginar, y casi siempre por una cadena de casualidades y carambolas que lo colocaron en el lugar indicado en el momento oportuno. Motivos para creer que tienen razón no faltan. Su estilo parco e inexpresivo parece más propio de un empresario del rubro pompas fúnebres que de un político con ambiciones, y sin embargo el hombre llegó a la gobernación del Chaco, fue intendente de su pueblo, pasó por otros cargos públicos y ahora navega sin sobresaltos su mandato como senador nacional.
Más de uno creyó apenas unas semanas atrás que la buena estrella de Nikisch preparaba un nuevo milagro. Cuando la hipótesis de Jorge Capitanich candidato a vicepresidente sonaba próxima a convertirse en realidad, entre peronistas y radicales comenzó a crecer una pregunta: ¿y si en septiembre el candidato sustituto del PJ no logra convencer al electorado y este se inclina por una figura con experiencia de gestión como el postulante de la UCR? De nuevo los dados parecían caer a la medida de las necesidades del silencioso dirigente de Tres Isletas. Hasta se decía que Ángel Rozas estaba arrepentido de haber resignado su propia candidatura, al ver por delante un escenario muy distinto del de principios de año, cuando le había dado la derecha a Roy. El final de la historia es conocido. Cristina destrozó el corazón político de Capitanich y optó por Amado Boudou como compañero de fórmula. El horizonte nacional se cerró por ahora para el gobernador y su futuro inmediato es buscar un nuevo mandato en la provincia. Para él, íntimamente, algo así como haber tenido señales de que lo iban a invitar a participar de Bailando por un Sueño, con Tinelli, en la TV nacional, y luego encontrarse con que sus ambiciones danzantes deberán continuar en Sábados Tropicales, por el Canal 9 local. Decidido a que no se le note el dolor, tras la caída de su chance federal regresó al Chaco y brindó en una conferencia de prensa en la que aseguró que “jamás había estado en sus planes” la postulación a la vicepresidencia, una afirmación con los mismos niveles de credibilidad que las declaraciones efectuadas por Daniel Passarella tras el descenso de River. Pero lo concreto fue que el retorno de Capitanich con su valijita de sueños rotos puso a Nikisch frente a sus peores siete días. Primero tuvo que asumir que no habría candidato peronista alternativo (todas las fichas apuntaban como sustituto a Domingo Peppo, una figura que el radical consideraba “ganable”) y que la carrera será con el actual gobernador. Y luego, el anuncio de Aída Ayala y Gerardo Cipolini diciendo que en las dos ciudades más importantes de la provincia las elecciones para intendencias y concejalías serán tres semanas después de los comicios provinciales por la gobernación. En otras palabras, los mayores recursos y las mayores energías de ambos estarán volcados a conseguir sus permanencias en los municipios que administran, no en sumarle votos a Nikisch. El senador debe haber pensado que al cabo de muchos años de bondad su suerte daba un giro de 180 grados o que su hada madrina se había acogido a los beneficios de la jubilación. Mujeres que duelen Curiosamente, los dos candidatos a la gobernación están hoy más en condiciones de escribir un tango en conjunto que de ser contendientes de una pelea de fondo. Ambos sufren por sendas mujeres y sienten que la vida les jugó con cartas marcadas. Contra lo que puede pensarse, probablemente el que más siente sus heridas es Capitanich. Tras el regreso de frente marchita y nieves del tiempo kirchnerista plateándole la sien, el gobernador organizó una cumbre en la que reunió a su gabinete, a los candidatos a diputaciones y a algunos intendentes. Se dice que allí empezó por admitir —con la voz flameando— que se había ilusionado con conseguir el coprotagónico oficialista para las presidenciales de octubre. Luego, la pena se hizo furia. El encuentro fue, en general, una larga y áspera reprimenda con nombres y apellidos. “Coqui” no dejó de agitar el látigo dentro de ese templo peronista. Dijo estar harto de que su equipo no le siga el ritmo y de que los candidatos crean que basta con el arrastre que hoy genera —según las encuestas— su figura. También maldijo (por usar un eufemismo elegante) la carrera de ambiciones dentro del oficialismo, los codazos por espacios y roles (punto en el que todos miraron hacia Gustavo Martínez y Eduardo Aguilar, quienes pusieron cara de estar conectados a un mp3) y muy especialmente el alud de candidatos silenciosos que bajó desde las cimas del PJ cuando la posibilidad del éxodo de Capitanich hacia la fórmula con Cristina parecía una realidad inminente. El discurso fue por momentos hasta impiadoso. Algunos asistentes mencionan una “devolución” (por usar un término de los realities de la tele) de Capitanich al candidato a intendente de una importante localidad del interior al que le exigió que camine los barrios de su ciudad como sea, “aunque te levantes a las ocho de la mañana y c...s a la siesta”. Sin dudas que si ese día el gobernador hubiese tenido una silla en el asteroide de El Principito, también la hubiera ido desplazando para ver muchos atardeceres, como hacía el niño de Saint Exupéry en sus jornadas malas. Antes de cerrar la reunión, lanzó una pregunta que todavía rebota en las cabezas que tenía enfrente: “¿Y qué pasa si después me voy como Jefe de Gabinete?” Por si le faltaran razones para el malestar, además está la receta que la presidenta bajó para la propuesta en materia de diputados nacionales, donde figuran a la cabeza José Mongeló y Gladis Soto, una dupla que combina menos que un frac con un par de alpargatas rojas. Uno y otra se cruzaron acusaciones graves meses atrás, y la ex diputada, además, está empeñada desde hace años en convertir un problema familiar de derivaciones policiales en una conspiración interplanetaria contra su carrera política. A desdoblar que se acaba el mundo Cuando Nikisch consiguió ser ungido candidato a gobernador por la UCR, imaginó, entusiasmado, que le daban las llaves y el control de un edificio populoso. Hoy descubre que está parado en lo alto de un faro perdido entre peñascos, donde los únicos pasos que oye son los suyos. Desde allí ve todo. Por ejemplo, que en su partido, como nunca antes, cada quien atiende su juego. El caso más destacado, claro, es el de Aída Máxima Beatriz Ayala. La intendenta decidió desenganchar el vagón de Resistencia del tren en el que marcha el destino electoral de Roy. Es decir, priorizará sus posibilidades de ser reelecta aun a costa de enterrar las de Nikisch de recuperar el gobierno. Se trata de una determinación que a ella no le debe haber costado demasiado. Hace mucho tiempo que Nikisch dejó de ser visto por Rozas y sus leales como un hombre de las propias filas. A lo sumo, durante su gobernación, llegó a ser asumido como un mal necesario, pero nadie le perdonó la falta de apoyo que le dio desde el gobierno a la campaña rozista en 2007, y lo consideran uno de los grandes responsables del triunfo de Capitanich. El peronismo ganó esa vez por poco más de mil votos, una brecha que, por ejemplo, se podría haber revertido si Nikisch daba un aumento salarial del 30% a los empleados públicos no después de los comicios, como lo hizo, sino antes. La lista de reproches al senador, de todos modos, es mucho más larga que eso, y los principales no son políticos precisamente. El panorama para el candidato de la UCR es complicado. En septiembre no tendrá a su favor la tracción de los intendentes propios de Resistencia ni de Sáenz Peña (distritos que sumados concentran a casi la mitad de los electores de la provincia) y es muy probable que además el partido quede con tensiones internas tras las primarias de agosto, donde varias figuras competirán en siete listas distintas por las candidaturas a diputaciones nacionales. Y Rozas no asoma por la campaña local, dedicado como está a colaborar con Ricardo Alfonsín (cuestión que sin embargo no le impedirá volver a eclipsar a San Pantaleón en la “Cabalgata de la Fe” de este invierno). Para colmo, al radicalismo se le cruzó también en el camino el escándalo con Miguel Melar en la ruta 16, donde fue detenido bajo acusación de agredir a un policía en medio de un control de tránsito. El asunto, de todas maneras, difícilmente pase de ser una anécdota, más allá de los amagues peronistas de pedir el desafuero del legislador y de las versiones que emite el gobierno acerca de la existencia de una persona que fue omitida como testigo del episodio por una supuesta cuestión de delicadeza. Estamos a salvo Con todo ese panorama y la lenta y hasta ahora indetenible implosión aliancista iniciada por la derrota de 2007, para la principal fuerza de oposición la única incógnita relevante es si Ayala logrará o no retener Resistencia. El desdoblamiento (un invento peronista, aunque el PJ reniegue de él) le da muchas posibilidades de lograrlo. La intendenta, según las encuestas difundidas hasta ahora, tiene un alto nivel de aprobación. Sorprendente para una ciudad en la que la única norma de tránsito que existe es el pago del estacionamiento medido; que carece de una política social aun siendo la capital más pobre del país y que desiste de captar inversiones industriales pese al enclave regional que tiene. En realidad, los vecinos de Resistencia, como no apoyen a terceros candidatos, estarán en octubre condenados a elegir entre dos propuestas que se parecen mucho más que lo que dicen los discursos. Dos concepciones políticas habituadas a construir poder mediante el empleo público, la manipulación de subsidios y planes sociales y el ocultamiento de información que debiera ser de acceso público inmediato. Cualquiera podría decir que en realidad la puja de fondo en la capital no es por convicciones ideológicas sino por negocios fabulosos con tercerizaciones masivas, inversiones inmobiliarias ocultas detrás de planes de urbanización, favores de clubes de ganadores crónicos de licitaciones o los réditos de un sistema de extorsiones compartido con alguna que otra patota sindical. También cualquiera podría decir que en el orden provincial los grandes partidos no van detrás de las banderas sino de fideicomisos sin fiscalización, las incorporaciones masivas de punteros y militantes al Estado o la convicción de que el peculado es parte de la lógica de una construcción política. Cualquiera podría decirlo, pero sabemos que no sería cierto. Gracias a Dios, jamás nuestra Justicia y nuestros organismos de contralor permitirían algo así.
FUENTE: diarionorte.com, el periodista Sergio Schneider es Jefe de Redacción del prestigioso matutino.
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