LASTIME Y NO ME PERDONO

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Por Alejandra Stamateas: Lastimé a alguien y no me lo perdono...Voy a leer la oración de una persona que no se perdonó, y puede estar hablando mal con Dios...
Proverbios 30:8
«Aleja de mí la falsedad y la mentira; no me des pobreza ni riquezas sino sólo el pan de cada día. Porque teniendo mucho, podría desconocerte y decir: "¿Y quién es el Señor?" Y teniendo poco, podría llegar a robar y deshonrar así el nombre de mi Dios.»

Todos en algún momento lastimamos a alguien, así como también alguien nos lastimó. El gran problema de esto no es que hayamos lastimado sino que no nos podemos perdonar a nosotras mismas. Y seguimos lastimándonos a nosotras mismas.

Leer el pasaje que leímos puede parecer para muchos algo espectacular, "mirá qué persona centrada, dijo no me des riqueza ni me des pobreza dame lo justito". Pero, ¿cuántas quieren lo justo? Te voy a explicar qué le pasó a este hombre y por qué tenía tanta culpa.

Estas son algunas frases de mujer que todavía no se pudo perdonar. A ver si te ves identificada con algunas:

"No puedo dejar de ayudar a otros, siempre estoy ayudando a alguien"
"Siempre estoy pidiendo disculpas"
"A veces me despierto con una angustia que me dura días y no sé por qué"
"Siempre me echo la culpa de todo"
"Me preocupa mucho lo que la gente piense de mí"
"No soy tan capaz como creen algunas personas"
"No soy como dicen, tan buena y capaz"
"Soy muy perfeccionista"
"Me cuesta aceptar y pedir ayuda"
"No sé decir que no"

Estas frases nos muestran a alguien que todavía se siente culpable, no se pudo perdonar de haber lastimado a alguien, de haber cometido un error. Todos tenemos una gran resistencia a perdonarnos. Pareciera ser algo fácil pero todas tenemos una gran resistencia a perdonarnos a nosotras mismas y nos transformamos de pronto en nuestros propios jueces; dictada la sentencia, nos condenamos con nuestras propias palabras, nos aplicamos nuestro propio castigo. Esto es lo que le pasa a una persona que no se puede perdonar: se pone en juez de su vida y empieza a pagar una deuda de por vida por el error que cometió.

¿Cuántas veces fuiste juez y fuiste preso?, ¿cuántas veces dictaste la sentencia de que tu vida tenía que ser infeliz por el error que cometiste y no te lo perdonaste? Y ahora estás pagando la pena, siendo prisionera de vos misma y de otros. No es que otro vino y te dictó sentencia; vos misma frente a la culpa te dictaste tu propia sentencia.
¿Y por qué no podemos perdonarnos? Porque nos creemos malas. Creemos que por cometer ese error somos mujeres malas. "Cómo me voy a perdonar si soy una mujer mala; cómo pude irme con otro hombre, cómo pude haberle gritado a mis hijos, cómo pude haberle dado amor a otra persona y no a mi hijo... ¿¡cómo pude!?". Te voy a enseñar algo muy importante: como creemos que somos malas no podemos tener compasión de nosotras mismas. Por eso viene el descuido, la enfermedad, la tristeza, quedarte en ruinas. Por eso cuando te proponen algo bueno decís: "mejor no...", o te boicoteás, porque vos decidiste que sos una mujer mala, porque en algún momento de la vida cometiste un error con alguien y no te podes dar misericordia a vos misma.

Se dice que cuando un preso sale de la cárcel y queda en libertad, apenas sale vuelve a cometer otro acto delictivo similar; es porque no se pudo perdonar nunca, por eso se vuelve a condenar, vuelve a robar para volver al lugar que cree que se merece...

El remordimiento es una fuerza que te termina dominando.
Si vos no lo dominás, el remordimiento te va a terminar dominando a vos.

"Creo que soy mala", "en realidad no sé porque lo hice". No podemos perdonarnos porque no somos sinceras con nosotras mismas, no nos decimos la verdad. Cuando nosotras nos mentimos, nunca vamos a poder perdonarnos, nunca vamos a poder hacernos cargo de ese error. Por ejemplo, una mujer me decía "Alejandra yo descubrí que le fui infiel a mi marido, no porque quería estar con otro hombre sino porque quería vengarme de mi marido por todas las que me había hecho". Una cosa es que digas "yo me fui con este hombre porque me gustó, porque me sedujo, ¿y por qué no..?", esa es una mentira; cuando ella descubre la verdad, es que va con este hombre para vengarse por tantos años de infidelidad de su marido.

Cuando una mujer puede decirse la verdad sobre por qué cometió ese error, empieza a ser libre y tiene la capacidad para perdonarse. Pero nunca mientras te sigas mintiendo. Decís "yo robé esa plata porque... bueno, no sé... se me dio, y cualquiera se puede tentar, ¿no?". Mentira; robaste esa plata porque querías aparentar que tenías dinero delante de alguien, querías aparentar que estabas en otra posición económica delante de tu familia. "En realidad le mentí mi hija porque ella no se merece esa plata que me pidió" Le mentiste a tu hija porque no querés quedarte sola, y como no querés quedarte sola le diste la plata para retenerla. Estas son frases e historias que he escuchado de varias mujeres. Mujeres que se mintieron; y cuando vos te mentís sobre por qué hiciste algo, nunca llegás a la raíz del problema y no lo podés solucionar.

Cuando vos cometiste un error -y todos cometemos errores- ese error tiene una verdad, y vos tenés que descubrir cuál es esa verdad y dejar de mentirte. Cuando descubrís la verdad podés liberarte. "Yo no lo hice; no es que me fui con otro tipo porque me gusta acostarme con cualquiera; lo hice porque me quería vengar de mi marido". Nada justifica ese acto, pero vos tenés que darte la explicación cierta para sanar bien ese dolor que hay dentro tuyo.

A veces no me puedo perdonar porque quiero que el otro me perdone primero. Esto es muy importante: hay mujeres que no se pueden perdonar a sí mismas porque están esperando el perdón de la otra persona a la que dañaron. Nunca el perdón a vos misma tiene que depender de la actitud de la otra persona; porque vos decís "yo le pedí perdón, sé que me equivoqué, que estuve mal y no tenía que haber hecho eso; pero él no me perdona..." ¡Vos no podés obligar a nadie a te perdone! No podés decirle "ya pasaron tres meses -esto lo hacen mucho los hombres-; a ver, decidite... me voy de casa o me quedo, me perdonaste o no me perdonaste". Nadie puede obligar a la otra persona a que te perdone; por eso vos independientemente de la actitud de la otra persona tenés que tener compasión y cariño con vos misma y perdonarte. Por más que el otro no te haya perdonado. ¿Por qué el otro no perdona? Porque tal vez todavía no sanó; porque tal vez está todavía en proceso y está tratando de ver cómo puede llegar a perdonar porque no le sale fácilmente. Tal vez no te perdona porque le conviene, porque extrae algo de vos. Vos siempre tenés que pagar en cómodas cuotas el dolor que le hiciste sufrir; por eso no te perdona. Hay varias razones, pero no importa la razón del otro; lo importante es que yo me tengo que perdonar independientemente de la actitud del otro.

¿Qué hacemos para perdonarnos? "Pastora yo me mentí a mí misma; en realidad dije que era por una cosa pero en el fondo era por otra"; "estoy esperando que el otro me perdone, hace años que estoy esperando que venga, se arrodille delante de mí y diga que olvidemos todo, que ya pasó, que vamos a estar juntos de nuevo... o que vengan mis hijos y me perdonen por el error que cometí, que no los pude cuidar bien, o que los maltraté cuando eran chiquitos". Y eso no pasa...

Necesitás perdonarte. No sos mala.
Todas nacimos con la bendición original de Dios.

1) Nos sos mala

Esa mujer que dice "yo cometí un error, por eso soy mala y ahora tengo que pagar con la culpa, con la enfermedad, con que no me vaya bien en la vida, tengo que pagar con que a los otros les vaya bien y yo siempre quede a un costado sirviendo a todo el mundo; porque un día me equivoqué ahora parece que soy la sirvienta de todo el mundo, porque me equivoqué tengo la culpa... pero está bien que me castiguen porque yo cometí un error muy grande y no lo tenía que haber cometido". Todas esas cosas nos decimos las mujeres constantemente.

Es importante comprender que no sos mala, que todas nacimos con la bendición original de Dios. Hablamos siempre del pecado original, pero por qué no hablar de la bendición original de Dios. El hecho de que hayas nacido es que Dios te trajo a este mundo bendecida porque quería que estuvieras acá, y porque tiene un propósito para tu vida. No porque sos mala y desechable; sos buena y estás en los brazos de Dios.
A veces hacemos cosas malas, pero básicamente somos buenas, nuestra esencia es buena pero a veces cometemos errores. Por eso nunca te tenés que decir "soy una mala mujer". Vos tenés que decir "cometí un error pero no soy mala"; ese es el primer punto para que puedas empezar a perdonarte: saber que no sos una mujer mala.

Cuando alguien cometió un error queda con el estigma de ser malo, de que hizo doler, de que perjudicó, de que lastimó. Y los otros quedan con el estigma de buenos: "yo sabía que la mala era ella, no era él; el hombres se acostó con muchas mujeres pero la mala es ella, que por venganza se acostó con uno; hmm... yo sabía". Las mujeres tenemos muy pegado este concepto de ser las malas de la película, "mamá es la que me reta, mamá le dijo a papá, mamá es la que no me da plata", "mi esposa es la que me maltrata, yo llego a casa y estoy deprimido y ella no me contiene, no me da amor, no me atiende". ¿¡No me atiende!?, como si vos hubieras nacido para atenderlo...

La mujer queda con el estigma. Cuando te vas, te vas con tanta culpa que si tenés que hacer algo que te gusta lo hacés con culpa y te queda el estigma de que sos una mujer mala. Quiero decirte que estás bendecida desde el principio; sos una mujer buena, aunque a veces cometas errores; pero seguís siendo esencialmente buena.

No tengas vergüenza de vos misma, querida mujer; errores cometemos todos. Sos digna de ser amada. Tal vez ese acto que hiciste no es digno; el acto no, pero vos sí sos digna de amor; vos sí merecés ser amada, vos sí merecés misericordia, vos sí merecés respeto. Cometiste un error pero no sos un error.

2) Nadie me tiene que definir por mis errores

No le des el poder a nadie para que te defina. A los seres humanos nos encanta definir a los demás: "esta es una loca", "esta es una histérica", "esta es una vaga", "esta no tiene dos dedos de frente, es hueca", "esta es una pobre tipa", "esta es una sufrida". Nos encanta definir a los demás por sus errores en vez de por sus bendiciones. No tenés que permitir que nadie te defina por un error que hayas cometido; no le des lugar a que la gente te defina. Tenés que aprender a definirte vos, y para eso tenés que tener una base segura de quién sos vos. "Mi vieja es siempre la depresiva", "mi mamá es la loca de la casa", "yo no puedo traer amigos a casa porque mi mamá está rayada"... ¡no permitas que nadie te defina! Aprendé a definirte por tu esencia: sos buena. "Esto es lo que soy: soy buena", porque eso lo dijo Dios desde antes de que estuvieras en el vientre de tu mamá. Te pueden decir: "¿pero vos te olvidaste de lo que hiciste?", y vos: "no, no me acuerdo", "ojo porque ya te equivocaste una vez, a ver si lo volvés a hacer", "no me acuerdo"; "mirá que vos no sos bien vista en este lugar", vos respondés: "no entiendo lo que me estás diciendo"; "pero si vos eras la que andaba con todos los hombres", "no sé de lo que me estás hablando".

Tal vez pude cometer un error en mi vida, pero no soy un error.

Dios me abraza siempre; Dios me restaura y me lleva a lograr mis sueños. Definite como Dios te define. Construí una base firme en tu vida, como te define Dios. La Palabra de Dios te dice "con amor eterno te he amado". Amor eterno no se termina nunca, por más que hayas cometido los errores más graves; Él dijo eso y yo construyo sobre la base firme de la Palabra que Dios me soltó, que con amor eterno me ha amado y no me va a dejar sola. Él me promete en su Palabra no te dejaré ni te desampararé; y cuando yo me siento sola tengo que entender que lo que vale no es lo que los demás definen, es lo que Dios ha definido sobre mi vida, y sobre la definición de Dios yo construyo mi vida.

"Yo te escogí", dice el Señor; "mía eres tú".

Sacate el concepto de que Dios está esperando castigarte por el error que cometiste y empezá a tenerte la misericordia que Dios te tiene. Eso no quiere decir que no sos responsable; yo hice algo, me equivoqué, lo reconozco, es verdad que lo hice; por eso me tengo que sanar. Me hago responsable pero no culpable; me hago responsable de este error que cometí para no volverlo a cometer en el futuro. Pero eso ya está; ahora ese error no me determina a mí como ser humano; ese error fue un momento de mi vida, algo que no supe manejar, algo que no tuve sabiduría del cielo para manejar, algo para los cual no pedí sabiduría, algo que me dejé llevar impulsivamente. Pero eso es una parte de mi vida, no es toda mi vida. Yo me hago responsable, me hago cargo, pero voy por lo nuevo de Dios hacia mi vida.

Querida mujer, la Palabra de Dios tiene poder para sanarnos; sino no estaríamos en este lugar...

3) No tengo que caer en el vacío

¿Saben por qué Sansón cometió muchos errores en su vida? Porque Sansón estaba cansado y tenía un vacío muy grande. No fue porque Dalila era una seductora o porque era una mujer muy linda y él no se pudo resistir. Él estaba cansado, tenía un gran vacío de Dios, y lo peor que nos puede pasar, lo que nos lleva a cometer errores en la vida es tener un vacío de Dios. Uno puede tener un vacío de amistades, de compañera o compañero, de hijos, de dinero, de muchas cosas. Pero Sansón fue con esta mujer porque estaba cansado y no podía recostar su cabeza en Dios, porque de a poquito se había ido alejando de Dios. Cometemos errores y de a poquito, sin damos cuenta nos vamos alejando de Dios. Por eso: nunca caigas en el vacío de Dios. No es ese amante, no es la droga, no es esa actitud de falta de amor hacia tus hijos; todo eso refleja el vacío de Dios. Vos te acostaste en los brazos de Dalila: te acostaste en ese otro hombre que te prometió algo; te acostaste en la droga; te acostaste en el alcohol y destruiste tu propia vida. Pero la raíz no son esas cosas; es tu vacío de Dios, el no poder contar con Dios, el no saber que Dios está a tu favor, el creer que Dios está en contra tuya; ese es el gran vacío de Dios. Y cuando tenés un gran vacío de Dios siempre va a haber una Dalila esperándote, siempre va a haber alguien de quien te quieras vengar, alguien que te dañó. Siempre va a aparecer alguien que te dé el amor que supuestamente otros no te dan, siempre va a aparecer alguien. Esa persona que apareció ahora antes también estaba con otra cara, pero siempre va a aparecer. Porque el problema de fondo no es esa persona, sino tu vacío de Dios.

Hay mujeres y hombres que tienen un gran vacío de Dios desde hace mucho tiempo, y de a poquito fueron quedándose vacíos de la misericordia, de la bondad, de la alegría, de la bendición; de a poquito se fueron desprendiendo de eso a causa de la culpa... "¿Qué es lo que Dios me va a dar a mí? Dios impulsa a otras dar testimonio, a mí no. Dios a mí no me escucha, no me arregla las situaciones, yo la tengo que pelear sola y la tengo que luchar sola; Dios no está contento conmigo"... Eso es un gran vacío de Dios; y apenas vos te vaciás de Dios siempre aparece una Dalila para tenerte en sus brazos. Por eso: nunca te quedes vacío de Dios.

Matá la culpa, porque sino la culpa de ese error que cometiste
te va a terminar matando a vos.

Hay muchas personas que están enfermas por culpa. El día que te perdones vas a ser totalmente libre de esa enfermedad. Hay mujeres que no pueden prosperar, y no vas a prosperar hasta que no te perdones a vos misma, porque vivís en la miseria y en la pobreza, y nada avanza en tu vida por la culpa: "tengo que pagar en la vida, tengo que pagar ese error que no me puedo perdonar", "¿cómo hice algo así?, ¿cómo se me ocurrió hacer esto¿, ¿cómo me pudo pasar a mí?, ¿qué locura pasó por mi cabeza en ese momento?". Y esa culpa parce que la pagás todos los días de tu vida no siendo feliz, enfermándote, frustrándote en la relación de pareja, estando con un hombre golpeador, teniendo hijos a los cuales no podés ponerles límites porque no sos autoridad, porque te sentís culpable de que no le diste el amor que tenías que darle a tus hijos... Todo eso por culpa.

Hay un pasaje que me impactó: Salmo 139 "cuán preciosos me son, oh Dios tus pensamientos, cúan grande la suma de ellos; si los enumero se multiplican más que la arena del mar; despierta estoy y sigo estando en tu presencia". Los pensamientos buenos que Dios tiene para nosotras se multiplican en nuestra vida; o sea el resultado de esa bendición se multiplica. Si yo pienso en una bendición dice que se va a multiplicar, la multiplicamos por tres. Si yo pensé en una bendición para mí, Dios me la va a dar por tres. Si yo pensé en tres, la multiplico por tres y voy a tener nueve; y si a las nueve las multiplico por tres voy a tener veintisiete. Quiere decir que si yo empiezo a multiplicar y a multiplicar y a multiplicar los pensamientos buenos de Dios, no voy a recibir una cosa ¡voy a recibir multiplicado lo que Dios me ha prometido! Tenés que empezar a pensar los pensamientos de Dios, qué es lo que piensa Dios de esa situación que viviste, qué es lo que piensa Dios de ese error que cometiste, qué es lo que te dice Dios en este día. Empezá a pensar los pensamientos de Dios y vas a recibir la más grande bendición de tu vida, porque pensás igual que lo que Dios ahora mismo está pensando de vos.

Todo lo bueno que pienses se va a incrementar.

Pero como te acostumbraste a pensar negativamente, te acostumbraste a pensar mal, a mirarte al espejo y odiarte, a decir "a mí no me va a salir, esto no es para mí, esto se lo va a llevar otra que tiene más capacidad; soy un desastre, soy una fracasada", eso también se multiplica en maldición para tu vida, porque esos no son los pensamientos de Dios. Dice la Palabra de Dios que tenés que pensar en todo lo bueno, todo lo justo, todo lo honesto, todo lo que es de buen nombre; si yo digo enfermedad no es pensamiento de Dios... ¿y por qué lo pensaste? Si yo digo maltrato, no es pensamiento de Dios... ¿y por qué permitís que te maltraten? Porque estás multiplicando la maldición en tu vida, porque te cuesta pensar bien, te cuesta pensar en lo bueno, te cuesta pensar en lo honesto, te cuesta pensar que vas a salir de este lugar y vas a recibir una buena noticia. ¿Te cuesta pensar eso?, decís "me voy a ir de acá, voy a volver a mi casa y va a ser todo un desastre". ¿Te cuesta pensar bien? Empezá a pensar los pensamientos de Dios, y se van a multiplicar en bendiciones grandes para tu vida.

Esta palabra es para muchas mujeres que están enfermas de culpa. Hay muchas que están estancadas en su vida por la culpa; muchas han fracasado por la culpa, no porque Dios te quería ver fracasada, no porque Dios no te lo quería dar; es por la culpa que todavía no pudiste sacarte del corazón y estás esperando que alguien de afuera venga y te diga que ya está. No es de afuera; es de adentro. Decís "pero mi hija se enfermó, mi hijo se fue de casa, debe ser porque yo como madre soy un error"; no sos un error, habrás cometido errores como cometemos todas las madres, pero no sos un error. Yo quiero decirte que si vos no te perdonás no vas a poder orar a Dios y no vas a poder recibir bendición.

Había dos personas: una se llamaba Jabes; él le dice al Señor "dame, extiéndeme, yo quiero que me des territorio, que me ensanches". Si vos tenés culpa no vas a poder hacer nunca esta oración porque no te vas a sentir digna de recibir. Vas a ver que la otra recibe su casa y vos no, pero no es porque Dios ama más a la otra, es porque vos no te sentiste digna de recibir. Dijiste "dame" pero no lo creíste; decís "qué me va a dar Dios a mí...". Pero había otro hombre que se llamaba Agur, y oraba "Dios no me des mucho, a ver si te niego; no me des poco, a ver si salgo a robar; no me des..." ¿Cuántas quieren que Dios no les dé?, ¿y cuántas queremos que Dios nos dé? Solo si te perdonás vas a recibir lo mucho de Dios. ¿Por qué este hombre dijo "no me des mucho"? Porque si me das mucho yo no confío en mí, y tal vez vuelva a cometer otro error, tal vez me vuelva a mandar una macana, entonces mejor no me des mucho; ¿para qué me vas a dar una pareja si la puedo destruir? ...¡por eso no tenés pareja! No porque no haya hombres... ¡hombres hay, y hay buenos hombres! Pero vos decís "yo no lo puedo recibir, ¿para qué?, ¿para volver a cometer un error?, ¿y si me enamoro de él y me enamoro de otro también, y vuelvo a ser infiel como antes? No; no me des". "¿Darme una casa?, ¿para qué?, ¿y si la destruyo como destruí la otra que tenía? No; mejor no me des..." Con la boca decís "dame", pero dentro tuyo no te perdonaste y decís "voy a volver a cometer el error", y no confiás en vos.

Hay mujeres que no confían en ellas mismas; en cambio Jabes dijo "dame" porque podía confiar en él; dijo "yo tengo carácter formado, porque todos los errores que cometí en mi vida me ayudaron a crecer, a levantarme, a hacerme cargo y responsable, a sanarlos y a ir por más en mi vida". Una mujer pide y recibe porque pide con fe; porque pide diciendo "todo lo que he pasado me ha ayudado para no cometer más ese error; así que Dios, dame; yo sé lo que voy a hacer con lo que vos me des; he adquirido carácter". Señor, vos cubriste todos nuestros errores en la cruz del calvario; sos el Hijo del gran Rey, el que nos amó, nos perdonó, nos salvó, tiene misericordia y nos lleva hacia grandes destinos.

¿Qué rol estás jugando en tu vida? ¿Estás siendo jueza de tus propios errores y te estás castigando, dándote una sentencia? "Esta enfermedad me la merezco, este desplante me lo merezco, el haberme quedado sola me lo merezco, porque no supe cuidar a la gente que me quería". Te estás juzgando o tal vez ya no te juzgás porque ya te condenaste y vivís como una prisionera; ya no sos feliz, no hacés nada para vos, todo para los demás porque creés que no te lo merecés. "Estoy bien así, con poco estoy bien; mientras tenga para comer, lo justito, más no le pido; ropa no... ¿para qué?, ya está, lo justito". Porque vivís como una prisionera, estás esperando que alguien venga a perdonarte en lugar de perdonarte a vos misma.

¿Cómo estás viviendo? Si te sacás hoy la culpa y decís "basta; basta de ser una miserable en la vida; basta de recordar ese pasado, basta de recordar ese error; no los voy a volver a cometer porque he crecido, porque ahora soy una mujer de actitud, yo sé lo que me ha enseñado el error, yo sé lo que he sufrido por el error que cometí; Señor dame; no lo voy a echar a perder; yo confío en lo que me enseñaste; dame, dame, extendé mi territorio, quiero más".

Te lo merecés; merecés el éxito, la bendición, la misericordia, merecés que te pasen cosas buenas, merecés el milagro de Dios, merecés la sanidad de Dios, merecés el amor de la gente.
 

 

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